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Biografía

José María Vergara y Vergara

Estados Unidos de Colombia

1831–1872

17 min de lectura29 documentos
Nacimiento19 de marzo de 1831 · Bogotá
Fallecimiento9 de marzo de 1872 · Bogotá
RolesEscritor y costumbrista · Periodista, editor y antólogo
Lugar principalBogotá
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

José María Vergara y Vergara (Bogotá, 19 de marzo de 1831–9 de marzo de 1872) fue escritor, periodista, editor, historiador de la literatura, político, diplomático y primer archivero nacional. Cofundó El Mosaico con Eugenio Díaz Castro en 1858, publicó la Historia de la literatura en Nueva Granada en 1867 y, junto con Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín, constituyó en 1871 la junta preparatoria de la Academia Colombiana, primera correspondiente de la Real Academia Española en América. Murió diez días antes de cumplir cuarenta y un años. Su importancia radica tanto en sus libros como en las redes editoriales, archivísticas y académicas que ayudó a organizar; no fue, sin embargo, un fundador solitario ni actuó en ausencia completa de instituciones estatales.

02

Línea de vida

  1. 1858

    Fundación de El Mosaico

    Leer contexto

    El primer número apareció el 24 de diciembre de 1858. José María Vergara y Eugenio Díaz Castro son reconocidos como fundadores de la publicación, que circuló en varias etapas y se convirtió en un espacio central del costumbrismo y la literatura nacional.

  2. 1860

    Publicación de La lira granadina

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    José Joaquín Borda y José María Vergara editaron esta colección de poesías nacionales. La antología reunió y ordenó parte de la producción lírica neogranadina y propuso un canon temprano, como empresa colectiva vinculada a El Mosaico.

  3. 1867

    Historia de la literatura en Nueva Granada

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    Echeverría Hermanos publicó en Bogotá su estudio de la producción letrada entre 1538 y 1820. Fue el primer ensayo sistemático de historia literaria colombiana y combinó investigación bibliográfica con una interpretación católica e hispanista del pasado.

  4. 1868

    Publicación de Olivos y aceitunos, todos son uno

    Leer contexto

    Publicó esta narración político-costumbrista de forma híbrida, ambientada en la imaginaria provincia de Chirichiquí. Mediante sátira, tipos e intrigas electorales examinó el oportunismo y la distancia entre los principios y las prácticas políticas.

  5. 1871

    Fundación de la Academia Colombiana

    Leer contexto

    El 10 de mayo de 1871 se reunió en su casa con Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín. Los tres se constituyeron en junta preparatoria de la primera academia correspondiente de la Real Academia Española en América y nombraron a Vergara director.

La semblanza: un mediador cultural en la república letrada

No existe una disputa biográfica sólida entre 1831 y 1836. En su autobiografía, Vergara afirmó que nació en Bogotá el 19 de marzo de 1831, fecha que repiten los catálogos patrimoniales y las instituciones que conservan su obra. Murió también en Bogotá el 9 de marzo de 1872, a los cuarenta años. El año 1836 aparece en alguna bibliografía secundaria como una errata aislada; no justifica presentar dos tradiciones equivalentes. Con la fecha documentada, tenía veintisiete años cuando apareció El Mosaico y treinta y nueve cuando participó en la creación de la Academia Colombiana.

Antonio Gómez Restrepo y otros comentaristas posteriores resaltaron su afabilidad y su capacidad para congregar escritores. Ese retrato memorialístico ayuda a comprender la sociabilidad de las tertulias, pero no debe sustituir el análisis de su trabajo. Vergara sostuvo periódicos, seleccionó antologías, preparó libros, reunió documentos, ocupó cargos públicos y articuló contactos con la Real Academia Española. Su papel fue el de un mediador cultural con recursos y límites concretos, no el de un personaje cuya personalidad explique por sí sola el desarrollo literario del país.

Su actividad se desarrolló en un medio con pocas publicaciones literarias estables y con redes editoriales frágiles, pero no en un país sin biblioteca. La Biblioteca Nacional había abierto como Real Biblioteca Pública en 1777 y fue reorganizada con ese nombre en 1822; desde 1834 existía además el depósito legal. Lo que El Mosaico, sus antologías y la Academia aportaron fue un espacio adicional para seleccionar, difundir y ordenar la producción literaria. Vergara trabajó desde una posición católica e hispanista, aunque lo hizo mediante instrumentos modernos de asociación, prensa, edición y administración pública.

Los orígenes: la formación en una Bogotá provinciana

Vergara provenía de una familia de la élite bogotana y recibió una formación irregular en varios establecimientos. En su autobiografía enumeró breves pasos por escuelas particulares y el Colegio del Rosario, seis años en el seminario de los jesuitas, un año en San Bartolomé y otro de clases privadas. Esa trayectoria lo acercó a la literatura castellana y a la tradición católica, pero también muestra que su educación no siguió una sola institución ni culminó en una carrera profesional convencional. Entre 1851 y 1855 vivió por temporadas en Popayán, donde enseñó, ejerció cargos públicos y se casó con Saturia Balcázar en 1854.

Su red fue intergeneracional y políticamente diversa. Incluyó a José Manuel Marroquín, José Joaquín Borda, Ricardo Carrasquilla, Eugenio Díaz Castro, Ezequiel Uricoechea, José María Samper, Salvador Camacho Roldán y, más tarde, Jorge Isaacs, Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo. No todos compartieron partido, formación o programa cultural. Los unieron de manera variable la prensa, la tertulia, la edición de obras y la búsqueda de una literatura reconocible como nacional; las guerras civiles y las diferencias ideológicas interrumpieron o transformaron varias de esas asociaciones.

En sus prólogos, antologías e historia literaria, Vergara procuró demostrar que la Nueva Granada poseía una tradición propia y que esa tradición estaba vinculada con la lengua española y el catolicismo. La investigación reciente ha mostrado el carácter político de esa selección: construir un canon también significaba decidir qué autores, regiones y formas de escritura representaban a la nación. El proyecto fue conservador en varios de sus criterios, pero no puede resumirse como un simple regreso al pasado, pues utilizó la imprenta comercial, la asociación voluntaria y el debate público característicos de la cultura republicana del siglo XIX.

La trayectoria: de El Mosaico a la Academia

El Mosaico (1858): la tertulia hecha revista

El 21 de diciembre de 1858, Eugenio Díaz Castro llevó a la casa de Vergara el manuscrito de Manuela y propuso crear un periódico literario. Tres días después apareció el primer número de El Mosaico. Las fuentes institucionales reconocen a Díaz y a Vergara como fundadores de la publicación; la tertulia se amplió luego con numerosos colaboradores. Vergara ejerció como director, editor y autor, mientras Manuela comenzó a publicarse por entregas. Periódico y tertulia estuvieron estrechamente relacionados, pero no fueron exactamente la misma organización ni mantuvieron una actividad continua durante catorce años.

El Mosaico fue una publicación central del costumbrismo colombiano y una de las iniciativas que promovieron de forma sostenida una literatura nacional, no la primera revista cultural del país en sentido absoluto. Publicó cuadros de costumbres, poesía, narrativa, crítica, biografías y noticias bibliográficas. Su circulación tuvo varias etapas —1858–1860, 1864–1865 y 1871–1872— separadas por conflictos políticos, guerras y dificultades editoriales. La revista sirvió además como plataforma para autores con posiciones distintas, de modo que su unidad cultural no eliminó las diferencias sociales y partidistas entre los participantes.

De ese trabajo editorial surgieron compilaciones decisivas. La lira granadina, publicada en 1860, fue preparada por José Joaquín Borda y José María Vergara y reunió una selección de poesía nacional. En 1866, Vergara compiló y prologó los dos tomos del Museo de cuadros de costumbres y variedades: noventa y siete textos de varios autores, previamente publicados entre 1846 y 1866, sin participación femenina en el volumen. Las dos obras ordenaron materiales dispersos y propusieron un canon, pero fueron empresas colectivas; atribuirlas únicamente al impulso de Vergara borra a coeditores, autores e impresores.

La Historia de la literatura en la Nueva Granada (1867)

La Historia de la literatura en Nueva Granada apareció en Bogotá en 1867, impresa por Echeverría Hermanos, con un prólogo de Manuel Ancízar. El volumen estudia la producción letrada desde la Conquista hasta la Independencia, entre 1538 y 1820, y suele considerarse el primer ensayo sistemático de historia literaria colombiana. Vergara reunió durante años impresos y manuscritos para construir una cronología y un repertorio de autores. Su valor pionero no convierte la obra en un inventario exhaustivo ni neutral: combina investigación bibliográfica, biografía, anécdota, valoración religiosa y una idea específica de la herencia española.

La relación entre esta Historia y las reformas liberales debe formularse como interpretación historiográfica, no como propósito probado en cada página. Iván Vicente Padilla ha leído la obra dentro del debate sobre hispanidad, religión y modernización, y ha mostrado su defensa de una sociedad católica frente a argumentos liberales que atribuían el atraso a la herencia colonial. Esa lectura permite comprender el libro como intervención política y cultural. Sin embargo, Vergara también colaboró después con el Estado federal como primer archivero nacional; su actividad no se limitó a preservar desde afuera lo que el gobierno supuestamente destruía.

La obra fue reeditada en Bogotá por la Librería Americana en 1905. Una tercera edición apareció en 1931 con notas de Antonio Gómez Restrepo y Gustavo Otero Muñoz, prueba de su larga recepción en la crítica colombiana. Esa continuidad no significa que su canon haya permanecido intacto: investigaciones posteriores ampliaron el repertorio de autores, cuestionaron sus jerarquías y estudiaron la relación entre literatura, religión, raza y poder. La Historia conserva valor como obra fundacional y, al mismo tiempo, como fuente para estudiar los criterios con que una élite del siglo XIX ordenó el pasado letrado.

Vergara combinó las letras con una trayectoria pública concreta. Su autobiografía registra que fue secretario de Hacienda y de Gobierno, catedrático y vicerrector en Popayán; congresista en 1858 y 1859; legislador y secretario de Gobierno de Cundinamarca en 1859. En enero de 1868, la administración de Santos Acosta lo nombró primer archivero nacional. Organizó en dos grandes departamentos los fondos coloniales y republicanos, redactó el reglamento de 1869 y defendió la publicación de documentos históricos. Renunció el 30 de junio de 1869, antes de partir como secretario de legación a Europa.

Olivos y aceitunos (1868): sátira y política

En 1868 Vergara publicó Olivos y aceitunos, todos son uno. La obra transcurre en la imaginaria provincia de Chirichiquí y presenta intrigas, elecciones, facciones y tipos políticos mediante una narración satírica. Los catálogos patrimoniales la clasifican entre los cuadros de costumbres y la literatura política. Aunque con frecuencia se la llama novela, el propio autor advirtió que no pretendía entretener “como novela” ni instruir “como historia”. Conviene, por ello, describirla como una narración político-costumbrista de forma híbrida.

La fórmula del título permite leer una crítica a la semejanza entre prácticas de facciones rivales, pero no prueba que Vergara rechazara por igual todos los partidos o que considerara irrelevantes sus diferencias doctrinarias. Él ocupó cargos políticos y participó en la prensa conservadora. La sátira trabaja con personajes y escenas de la política local para mostrar oportunismo, corrupción y distancia entre principios y conducta. Presentarla como una confesión personal o como una teoría completa del sistema político excede lo que sostienen el texto y sus paratextos.

El prólogo de Olivos y aceitunos ofrece una clave más segura para leer la obra: Vergara la situó deliberadamente entre la novela y la historia, con una voz que comenta y juzga la vida política. Su costumbrismo combinó observación social, humor, nostalgia y propósito moral; no equivale sin más al realismo literario posterior. Tampoco hay base suficiente para afirmar que escribir narrativa fuera una transgresión dentro de un conservatismo que solo admitía poesía. Su producción muestra, en cambio, que un autor católico y conservador podía utilizar distintos géneros modernos para intervenir en debates republicanos.

La Academia Colombiana (1871)

El 10 de mayo de 1871, Vergara, Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín —los tres miembros correspondientes de la Real Academia Española— se reunieron en la casa del primero y se declararon constituidos en junta preparatoria de la Academia Colombiana. El acta nombró a Vergara director de la junta y a Marroquín secretario, y fijó inicialmente doce plazas. Esta es la fecha fundacional reconocida por la institución. La Academia fue la primera correspondiente de la RAE en América, pero su creación fue colectiva y estuvo precedida por un acuerdo de la corporación española.

La fundación ocurrió durante la presidencia de Eustorgio Salgar, no durante la segunda administración de Manuel Murillo Toro, que comenzó el 1 de abril de 1872. El dato importa porque la Academia surgió dentro del período federal y bajo un gobierno liberal radical, mientras sus promotores centrales defendían posiciones católicas e hispanistas. Esa coexistencia no convierte la institución en una dependencia gubernamental ni en una simple réplica partidista: fue una corporación privada que buscó articular a letrados colombianos con la RAE y con otras redes americanas.

El acta fundacional formuló su propósito en términos de trabajo por la lengua común y de fortalecimiento de los vínculos entre pueblos de origen, religión, lengua y costumbres compartidos. Esa declaración expresa con claridad el horizonte hispano-católico de los fundadores. No dice, sin embargo, que la misión fuera combatir localismos o influencias extranjeras, ni autoriza a reducir toda su actividad posterior a una política de purismo. La Academia nació del diálogo transatlántico con Madrid, pero también eligió miembros colombianos de trayectorias políticas e intelectuales diferentes.

El proyecto se había preparado durante el viaje europeo de Vergara entre 1869 y 1871, cuando servía como secretario de la legación colombiana en Francia e Inglaterra y pasó también por España. La Real Academia Española aprobó el 24 de noviembre de 1870 un acuerdo para crear academias correspondientes en Hispanoamérica, documento que Vergara presentó a Caro y Marroquín al regresar a Bogotá. Esa secuencia está registrada en el acta: acuerdo de Madrid, reunión preparatoria en mayo de 1871 y selección de los demás candidatos. No fue una fundación improvisada en 1872.

Vergara murió en Bogotá el 9 de marzo de 1872, menos de diez meses después de aquella reunión y diez días antes de cumplir cuarenta y un años. Alcanzó a presidir la junta preparatoria y quedó reconocido como primer director, pero no vivió para acompañar el desarrollo posterior de la corporación. Su vínculo con la Academia es central y documentado: fue impulsor de su fundación y protagonista de su primera organización, no de la trayectoria institucional que siguió a su muerte.

La red: bibliófilos, contertulios y adversarios

Vergara no operó solo. Buena parte de su eficacia se debe a la red que construyó y sostuvo, y esa red vale la pena reconstruirla porque explica cómo se hacía cultura letrada en la Colombia del período.

El círculo de El Mosaico

En torno a El Mosaico participaron escritores de perfiles muy distintos. Eugenio Díaz Castro aportó Manuela y fue cofundador del periódico; José Joaquín Borda coeditó La lira granadina; José Manuel Marroquín, Ricardo Carrasquilla, José Joaquín Ortiz y José María Samper colaboraron en diversos momentos; Ezequiel Uricoechea vinculó investigaciones científicas y filológicas; Jorge Isaacs fue acogido por la tertulia y sus poesías se publicaron con apoyo del grupo. La red no fue una nómina fija ni una jerarquía ordenada por Vergara, sino un conjunto cambiante de colaboraciones, desacuerdos y proyectos compartidos.

Uricoechea tuvo una formación científica y filológica internacional y trabajó sobre lenguas indígenas; Vergara concentró buena parte de su esfuerzo en la bibliografía, la edición y la historia literaria en castellano. Esas orientaciones podían encontrarse en una misma red sin ser partes de un plan único ni simples complementos personales. Algo semejante ocurrió con Díaz: Manuela encontró espacio en El Mosaico, pero su publicación por entregas se interrumpió después de desacuerdos editoriales con Vergara. Reconocer esas diferencias evita convertir la tertulia en una comunidad sin tensiones.

El costumbrismo como espacio compartido

El costumbrismo de El Mosaico y del Museo de cuadros de costumbres no perteneció exclusivamente al Partido Conservador. En sus páginas coincidieron, con intensidades y momentos distintos, escritores liberales y conservadores. Andrés Gordillo ha estudiado esa sociabilidad como parte de una construcción nacional compleja, atravesada por guerras civiles, luchas partidistas y redes de lectura. La coincidencia en publicar escenas, tipos y paisajes del país no borró las diferencias sobre religión, ciudadanía, federalismo o educación.

Los cuadros de costumbres podían servir para registrar prácticas locales, satirizar novedades, defender tradiciones o proponer modelos de conducta. Es arriesgado asignar un único uso a cada partido: dentro de ambos campos hubo posiciones diferentes y cambios a lo largo del tiempo. En el caso de Vergara, el vínculo entre lengua, catolicismo e identidad hispánica es consistente y está documentado, pero su periódico también permitió colaboraciones pluripartidistas. El resultado fue una esfera cultural compartida y conflictiva, no una simple herramienta conservadora utilizada de manera opuesta por liberales.

La selección de tipos, territorios y voces tampoco fue neutral. Estudios sobre El Mosaico han señalado que su imagen de nación privilegiaba una cultura urbana y letrada, y que algunas descripciones regionales reproducían jerarquías de raza, clima y civilización frecuentes en el siglo XIX. El proyecto amplió el archivo de escenas nacionales, pero no representó de manera igual a mujeres, pueblos indígenas, afrodescendientes o sectores populares. Esta limitación invita a leer sus aportes documentales junto con las exclusiones del canon que ayudó a formar.

Vergara utilizó divisiones regionales y referencias a músicas, hablas y costumbres para buscar signos de una identidad diferenciada. Esos materiales muestran que su hispanismo no agotaba todo lo que entendía por patria: el territorio y las prácticas locales también formaban parte de su repertorio. Pero de allí no se desprende que se opusiera siempre al federalismo ni que el bambuco corrigiera por sí solo su visión jerárquica del país. La tensión más productiva está entre su deseo de una cultura nacional común y la diversidad que sus propias compilaciones hacían visible.

Los adversarios y los aliados de partido

Vergara participó directamente en la política y en la prensa de partido. En su autobiografía se identificó como “godo” en 1850 y recordó que en 1860 algunos lo tuvieron por “rojo”, fórmula irónica que revela coyunturas y alianzas cambiantes. Fue funcionario en Popayán y Cundinamarca, congresista y editor de periódicos religiosos y políticos, además de revistas literarias. Por eso no conviene explicar su posición únicamente mediante las polémicas posteriores de Miguel Antonio Caro sobre los manuales universitarios. Vergara tuvo su propia trayectoria pública, anterior a El Tradicionalista y no reducible a la de Caro.

La relación comprobable con Caro se vuelve especialmente estrecha en 1871: ambos, junto con Marroquín, firmaron el acta fundacional de la Academia. Compartían una defensa de la tradición lingüística española y de la religión católica, pero tenían edades, obras y formas de intervención diferentes. Vergara fue también polemista, funcionario y editor de prensa política; no permaneció al margen de la confrontación doctrinal. Hablar de una única “matriz” para Vergara, Caro y Cuervo puede ser útil como hipótesis historiográfica, siempre que no borre esas diferencias ni convierta una afinidad cultural en identidad partidista total.

La huella: institucionalidad simbólica bajo el Estado radical

La obra madura de Vergara coincidió con el federalismo de los Estados Unidos de Colombia y con una intensa confrontación entre gobiernos liberales, Iglesia y conservadores. Ese entorno fue adverso a varias de sus convicciones católicas e hispanistas, pero no fue un bloque uniforme ni lo excluyó del servicio público. Bajo administraciones liberales fue congresista, secretario, archivero nacional y diplomático. Su trayectoria obliga a examinar simultáneamente conflicto ideológico, cooperación administrativa y sociabilidad literaria.

Las reformas impulsadas por Tomás Cipriano de Mosquera desde 1861 incluyeron la desamortización de bienes de manos muertas, la supresión de comunidades religiosas y la expulsión de los jesuitas. La Constitución de Rionegro de 1863 consolidó un orden federal con amplias libertades de imprenta y religión. Para los conservadores católicos, esas medidas alteraban el lugar institucional de la Iglesia y la continuidad con la herencia colonial; para sus defensores, buscaban autonomía estatal y circulación de la propiedad. Ese conflicto forma parte del contexto de Vergara, pero no explica automáticamente cada uno de sus proyectos editoriales.

En ese período Vergara preparó el Museo de 1866, publicó la Historia en 1867 y Olivos y aceitunos en 1868, al mismo tiempo que ejercía cargos en Cundinamarca y en el Archivo Nacional. Esta simultaneidad impide separar limpiamente una cultura católica privada de un Estado liberal que la desmantelaba. La Historia sí defendió la contribución española y eclesiástica a la civilización neogranadina, como ha mostrado la crítica; pero su autor también utilizó archivos, imprentas, cargos y redes creados o sostenidos dentro del orden republicano y federal.

En 1869, después de renunciar al Archivo Nacional, Vergara viajó a Europa como secretario de la legación colombiana en Francia e Inglaterra. El viaje amplió sus contactos editoriales y académicos y le permitió intervenir en las gestiones que precedieron el acuerdo de la RAE de noviembre de 1870. Regresó a Bogotá en 1871 y convocó a Caro y Marroquín. Esta secuencia enlaza diplomacia, circulación transatlántica e institucionalización de las letras con más precisión que los conflictos de 1876 o el Concordato de 1887, hechos posteriores a su muerte que no deben usarse para explicar retrospectivamente sus decisiones.

Las empresas de Vergara sí contribuyeron a crear una infraestructura cultural duradera: una revista y tertulia, antologías, una historia literaria, un archivo organizado y una academia. Parte de esa labor defendió un horizonte hispano-católico frente al liberalismo radical. Pero no existe una línea causal directa que permita presentar cada publicación como preparación consciente de la Regeneración de 1886. Entre su muerte y ese régimen mediaron catorce años, nuevas guerras, debates y actores. Su legado fue retomado de maneras diversas y no puede atribuirse a un plan político único.

Tampoco fue un proyecto puramente reactivo. El Mosaico articuló colaboradores de distintos partidos y buscó probar la existencia de una literatura nacional en un país fragmentado por guerras y regiones. Esa convergencia cultural fue real, aunque parcial: la selección de autores y valores mantuvo preferencias urbanas, masculinas, católicas e hispanistas. Vergara pensaba la literatura como medio para ordenar y cohesionar la nación, pero no hay evidencia suficiente para atribuirle una estrategia de varias décadas orientada a un régimen que surgiría después de su muerte.

Su legado admite lecturas distintas. La memoria académica subrayó durante mucho tiempo al fundador afable y laborioso; la historiografía reciente ha examinado también el carácter selectivo de su canon y la relación entre lengua, religión, región, clase y poder. Ambas perspectivas se apoyan en aspectos verificables, pero no son equivalentes a una disputa entre veneración y condena. El punto más sólido es reconocer que sus instituciones ampliaron la circulación y conservación de textos mientras reproducían algunos límites de la cultura letrada a la que pertenecía.

La magnitud de su producción antes de los cuarenta y un años es notable. Participó en numerosos periódicos, coeditó La lira granadina, compiló el Museo de cuadros de costumbres, escribió la primera historia literaria sistemática del país, publicó narrativa y ayudó a fundar la Academia. También organizó por primera vez los Archivos Nacionales bajo una administración liberal. Ninguna de esas realizaciones fue exclusivamente individual: dependieron de autores, impresores, funcionarios, lectores y contertulios. Precisar ese carácter colectivo no disminuye su papel; permite medirlo con mayor rigor.

La Historia de la literatura en Nueva Granada sigue siendo un punto de partida para estudiar la formación del canon colombiano; El Mosaico es una fuente principal para la cultura impresa y el costumbrismo del período; la Academia Colombiana conserva el lugar de primera correspondiente de la RAE en América; y Olivos y aceitunos, todos son uno permite observar la sátira política de su autor. Su huella no consiste en haber fabricado por sí solo la Colombia de la Regeneración, sino en haber articulado edición, archivo, literatura y asociación académica dentro de las tensiones del federalismo. Esa formulación reconoce su eficacia sin convertirla en destino inevitable de la historia nacional.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

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05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 32 fragmentos
01Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 1291 cita
[1]

contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

p. 129
02Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Páginas 224, 2462 citas
[2]

a la nación en 1852 10. Se trataba de Ezequiel Uricoechea (1884-1880), quien traía de Europa, además de su libro sobre las Antigüedades neogranadinas (1854), otros proyectos como la edición de u n a mapoteca colombiana (1860) y la creación de u n a colección filológica sobre las lenguas aborígenes; José María Vergara…

p. 224
[5]

es de todas nuestras cosas lo único que encierra verdaderamente el alma y aire de la patria. El granadino que oiga hablar español en Esmirna o Jerusalén sentirá un vivo placer, pero se dirá ¿esa voz es granadina, americana o española? Mas si oyese preludiar un bambuco, gritara, corriendo hacia el músico: ¡es mi…

p. 246
03Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1741 cita
[3]

instigadores del movimiento, sino también una de sus figuras cen- trales. Este bogotano es autor de numerosos cua- dros y artículos de costumbres, así como de la no- vela Olivos y aceitunos, todos son unos (1868). El título de la novela remite a un viejo refrán popu- lar con el que se criticaba a quienes perdían el…

p. 174
04Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2241 cita
[4]

reprinted in Carlos Martínez Silva, Escritos Varios (Bogotá: Ministerio de Educación Nacional / Ediciones de la Revista Bolívar, 1954), 173. 27. The patronato refers to the special power conceded by the pope to the Spanish Crown. The Spanish Crown had the jurisdiction to orient Chris- tian evangelization. Religion was…

p. 224
05Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 281 cita
[6]

neivano era descrito como un tipo fruto de la diversidad productiva, las descripciones sobre los habitantes del Estado y del departamento del Tolima se concentraron en señalar un tipo dedicado a la agricultura y a la ganadería. La cría de ganados y caballos y el cultivo de cacao, de tabaco y, más adelante en forma…

p. 28
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2381 cita
[7]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
07Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2751 cita
[8]

lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…

p. 275
08Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Página 121 cita
[9]

los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2871 cita
[10]

91. José María Vergara y Vergara, El precursor, Biblioteca de Historia Nacional, vol. II. Bogotá. Imprenta Nacional. 1903. 92. Germán Posada Mejía, "Los orígenes de la cultura nacio- nal en Colombia" en Nuestra América. Notas de la historia cultural, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1959, pág. 257. 93. Ibid., pág.…

p. 287
10Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Página 1881 cita
[11]

Nuevo Reino de Granada (Sevilla, 1918). 284. Ramos, Demetrio: “Consideraciones acerca de Fray Pedro de Aguado”, RI, Madrid, 98 (1968). 285. Romero, Mario Germán: Juan de Castellanos... (Bogotá, 1964). 286. Vergara y Vergara, Gabriel: Historia de la Literatura en la Nueva Granada, desde la Conquista a la Independencia…

p. 188
11Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 31 cita
[12]

relatos históricos en este clima de ideas se expresaron en los modos en los que representaron la realidad. La moralización debía estar acompañada de “una imaginación viva y una ardiente fantasía” para que el historiador pudiera conmover los sentimientos. El relato “fiel de los hechos” debía tener un tono dramático que…

p. 3
12Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · Página 11 cita
[13]

EZEQUIEL URICOECHEA antropología filología g RA mát ICA d E LA LE ng UA CHI b CHA antropología EZEQUIEL URICOECHEA g RA mát ICA d E LA LE ng UA CHI b CHA filología Uricoechea, Ezequiel, 1834-1880, autor Gramática de la lengua chibcha / Ezequiel Uricoechea [presentación, María Stella González de Pérez]. – Bogotá:…

p. 1
13Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Páginas 79, 1172 citas
[14]

pasó la imprenta, la más alta dote de la moderna civilización, a la hoja diaria que*constituye una mejora en los círculos polí ticos y comerciales, pero de ninguna manera en los literarios. En éstos, por el contrario, para mejorar se exige menos prisa en la preparación de sus'materiales y términos más largos en su…

p. 117
[19]

Dr. Florentino Vezga, natural de Zapatoca, donde nació en 1833. En 1858 se graduó de doctor en Ciencias Pol íticas y en medicina. Había colaborado en "EL NEOGRANADINO", "EL LIBERAL" y "LA PAZ". Sobre su actuación escribieron: "E l Dr. Florentino Vezga merece por su labor en "EL DIARIO " una corona hecha por la mano…

p. 79
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3501 cita
[15]

Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…

p. 350
15Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 241 cita
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Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…

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16Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 1321 cita
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los requisitos que se recomiendan a quien quiera consagrar la vida a la gramática es que sea bogotano. A los bogotanos les atrae la gramática como a los escoce- ses el whisky. Cuervo era bogotanísimo. Había nacido en la capital el 1 de septiembre de 1844. Los responsables de haberle inculcado la goma de la gramática…

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17Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 531 cita
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Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

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18La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1431 cita
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síntesis de las posiciones teológico políticas sostenidas por la Iglesia católica contra las ideas liberales y modernas sobre el Estado que se habían desarrollado durante el siglo XIX. Eran principios políticos irreconcilia- bles. De acuerdo con los principios liberales, el Papa y los ministros de la Iglesia se debían…

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19¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 651 cita
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garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
20Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1221 cita
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Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…

p. 122
21Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 197, 3372 citas
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y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

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donde cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá. Fotografía de Sady González. Cromos, N° 1627, abril 21 de 1948. La furia y el dolor. Óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1954. Colección Margot Villa de Gómez Jaramillo, Bogotá. Éxodo. Óleo de Pedro Nel Gómez. Fondo Documental, Biblioteca Luis- Ángel Arango. Violencia.…

p. 337
22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 531 cita
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ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

p. 53
23Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1091 cita
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and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

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2430 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 941 cita
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desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…

p. 94
25Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 851 cita
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poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
26Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3421 cita
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nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
27The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 1331 cita
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the deep-rooted political and re- ligious conflict that shaped the institutional relations between Church and state in Colombia—from the Independence period through the late nineteenth century. Since the “discovery” of América, altar and throne had governed jointly, as the pa- pacy conceded to the Spanish Crown…

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28The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 1321 cita
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the writings of José María Samper, Felipe Pérez, José Manuel Marroquín, and many others. The influence of Cuervo’s portrait reached even into governmental labor and commercial policies. 54 Those who followed Cuervo’s literary pursuits found outlets for their writing in numerous weekly newspapers and book anthologies,…

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29Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1111 cita
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a la conciencia en el extremo del crimen, para fulminar el rayo de los cielos. 65 Bien podríamos decir que su reportaje es materia prima para una narra- ción digna de Conan Doyle. 63 Luis Capella Toledo, Leyendas históricas. Imprenta Gerardo A. Nuñez, Bogotá, 1879. Se reeditó en el siglo xx (Editorial Minerva, Bogotá,…

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