Julio César Arana
Regeneración
1864–1952
La biografía
Julio César Arana del Águila (Rioja, San Martín, Perú, 1864-Lima, 1952) fue un empresario cauchero peruano cuya red comercial se extendió al Putumayo desde la última década del siglo XIX y mantuvo operaciones allí hasta la década de 1920. Sus firmas, primero J. C. Arana y Hermanos y después la compañía londinense Peruvian Amazon Rubber Company, sometieron a pueblos huitotos o murui, boras, andoques, ocainas y otros a trabajo forzado, endeude y terror. Los informes contemporáneos y la historiografía documentan una catástrofe demográfica, aunque sus estimaciones varían y no permiten fijar como cifra exacta “decenas de miles” de personas asesinadas directamente por Arana. Su actuación ocurrió dentro de una frontera disputada por Colombia y Perú; hizo visible la debilidad estatal en la región, pero la delimitación posterior también fue resultado de una negociación diplomática prolongada, del Tratado Salomón-Lozano y del conflicto de 1932-1934.
Línea de vida
- 1889
Inicio de la casa comercial
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Arana inició una casa comercial en 1889 y hacia 1896 había extendido la explotación de caucho al Putumayo; en 1903 constituyó J. C. Arana y Hermanos.
- 1896
Expansión al Putumayo
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La red de Arana absorbió estaciones y deudas de caucheros previos y concentró operaciones en el Caraparaná, Igaraparaná y Cahuinarí dentro de un territorio disputado por Colombia y Perú.
- 1904
Reclutamiento en Barbados
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Abel Alarco reclutó a 196 súbditos británicos en Barbados; varios recibieron armas y fueron destinados a vigilar estaciones y forzar el trabajo indígena.
- 1907
Denuncias e incorporación londinense
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Benjamín Saldaña Rocca publicó denuncias en Iquitos. El 26 de septiembre se constituyó en Londres la Peruvian Amazon Rubber Company Ltd. para adquirir los activos de J. C. Arana y Hermanos.
- 1910
Investigación de Roger Casement
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Casement recorrió estaciones, interrogó a treinta barbadenses y documentó trabajo forzado, hambre, azotes, torturas, violaciones y asesinatos; su correspondencia fue publicada por el Foreign Office en 1912.
- 1911
Comienzo de la liquidación
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El escándalo y la debilidad financiera precipitaron la liquidación voluntaria en septiembre de 1911; la liquidación forzosa se ordenó en 1913, concluyó en 1919 y la sociedad fue disuelta formalmente en 1927.
- 1921
Título peruano sobre el lote Putumayo
- 1922
Oposición al Tratado Salomón-Lozano
La semblanza
Arana no fue un hacendado clásico ni un caudillo de frontera al modo decimonónico. Construyó una empresa transnacional durante el auge mundial del caucho: inició una casa comercial en 1889, extendió la explotación al Putumayo hacia 1896, formó J. C. Arana y Hermanos en 1903 y llevó sus activos a una sociedad registrada en Londres en 1907. Los documentos contables estudiados por Stephen P. Walker muestran que la compañía registraba tierras de propiedad dudosa, armamento, “gastos de conquista” y deudas de trabajadores como activos del negocio. El Libro Azul Británico documenta además que Abel Alarco reclutó en Barbados a 196 personas para trabajar como supervisores; varias terminaron armadas y empleadas para coaccionar a la población indígena.
El conglomerado tenía casas comerciales en Iquitos y Manaos y estaciones caucheras entre los ríos Caraparaná, Igaraparaná y Cahuinarí, dentro de una región cuya soberanía disputaban Colombia y Perú. En esas estaciones la compañía ejerció una autoridad de hecho muy superior a la presencia administrativa disponible: algunos jueces de paz eran a la vez empleados de las casas vinculadas a Arana, y la correspondencia diplomática colombiana denunció relaciones entre sus negocios y funcionarios consulares. Esto no vuelve inexistentes a ambos Estados, pero sí muestra que sus agentes podían ser débiles, estar comprometidos o actuar en favor de intereses caucheros.
El caso Arana no es, por eso, solo la historia de un criminal excepcional. La historiografía empresarial y amazónica lo estudia como un caso de autoridad corporativa sobre una frontera disputada: una compañía controló trabajo, crédito, armas, transporte y comercio sin poseer soberanía jurídica sobre el territorio. Hablar de “poder soberano paralelo” puede describir ese dominio de hecho, siempre que no se confunda con un reconocimiento legal.
Los orígenes
Arana nació en Rioja, en la selva alta del San Martín peruano, en 1864. La documentación empresarial permite seguir con mayor seguridad el comienzo de su actividad comercial que los detalles legendarios de su juventud: en 1889 inició un negocio que hacia 1896 ya explotaba caucho en el Putumayo. Algunas reconstrucciones sitúan una primera estrada cauchera cerca de Yurimaguas, sobre el Huallaga, pero no fijan de manera uniforme si la compra ocurrió en 1889 o 1890. Lo comprobable es el paso gradual del comercio a la extracción y luego a una red de estaciones.
La reconstrucción del Centro Nacional de Memoria Histórica sitúa entre sus ensayos iniciales de reclutamiento un viaje con su cuñado Pablo Zumaeta a Ceará, donde contrataron a unos veinte flagelados afectados por la sequía; cada uno habría llegado al Huallaga con una deuda de treinta libras por el pasaje. La contabilidad posterior de la Peruvian Amazon Company confirma el principio económico del sistema: anticipos y mercancías sobrevaloradas se convertían en deudas que sujetaban tanto a recolectores indígenas como a supervisores barbadenses. La violencia del Putumayo no nació de la deuda por sí sola, pero el endeude fue uno de sus instrumentos centrales.
Hacia 1896 Arana ya había extendido su negocio al Putumayo. Allí encontró rutas y estaciones abiertas desde la década de 1880 por caucheros colombianos, entre ellos Benjamín Larrañaga, asociado con la fundación de La Chorrera sobre el Igaraparaná. La expansión de Arana combinó compras, asociaciones, absorción de deudas, desplazamientos y coerción hasta concentrar bajo una misma red las principales estaciones. Las fuentes permiten documentar esa concentración; no permiten convertir cada muerte o desaparición de un competidor en una eliminación ordenada personalmente por Arana.
Los relatos posteriores sobre la familia Larrañaga deben conservar su condición probatoria. Algunas fuentes dicen que Benjamín Larrañaga murió con síntomas compatibles con envenenamiento por arsénico y que uno de sus herederos fue encarcelado en Iquitos y después desapareció; no establecen judicialmente que Arana hubiera ordenado esas muertes. También registran conflictos por los bienes de otros caucheros y la salida forzada de competidores colombianos. Al final de ese proceso, La Chorrera y numerosas sucursales quedaron bajo control de la Casa Arana, respaldada por hombres armados y por autoridades peruanas interesadas en afirmar presencia sobre el territorio disputado.
La trayectoria
La consolidación de la red ocurrió entre 1900 y 1907. En 1904 Abel Alarco, cuñado y socio de Arana, reclutó en Barbados a 196 súbditos británicos; un primer contingente de treinta hombres y cinco mujeres llegó a La Chorrera en noviembre. Los hombres fueron contratados como trabajadores o supervisores, pero muchos recibieron rifles y fueron enviados a estaciones y correrías para controlar a la población indígena. Su condición de súbditos británicos, sumada a la incorporación londinense de la empresa en 1907, dio al Foreign Office una base concreta para investigar. Las disputas contractuales en Manaos muestran su propia sujeción por deuda, pero no prueban que ninguna autoridad hubiera objetado el sistema.
Sobre esa base logística operó un sistema de terror. El informe de Casement y las declaraciones de treinta barbadenses describen trabajo forzado, hambre deliberada, azotes, cepos, violaciones, asesinatos y quemas. Las escenas concretas deben conservar su procedencia: Westerman Leavine declaró haber presenciado cómo una mujer fue envuelta en una bandera peruana empapada en kerosene y quemada en Matanzas, bajo el mando de Armando Normand; Casement confrontó su versión con testimonios previos. El episodio de los cincuenta latigazos por un pan de casabe correspondió a Quintín y fue atribuido a Normand y Ramón Sánchez, no a Rafael Calderón. Otras declaraciones acusaron a José Inocente Fonseca de múltiples asesinatos, pero no ofrecen una base uniforme para afirmar como hecho exacto que mató a 150 personas desde su cabaña en una Pascua. La evidencia acumulada demuestra la sistematicidad de los abusos sin necesitar cifras o autorías más precisas de lo que permiten los testimonios.
El sistema producía y, sobre todo, se blindaba. Los jueces de paz locales eran simultáneamente empleados de casas vinculadas a Arana. En 1907 Benjamín Saldaña Rocca denunció los crímenes y pidió una inspección judicial en La Chorrera antes de que desaparecieran restos humanos. No es preciso concluir que “no pasó nada”: el juez peruano Rómulo Paredes investigó después la región y se expidieron cientos de órdenes de captura. El resultado, sin embargo, fue una justicia en gran medida fallida: hubo pocos arrestos, funcionarios facilitaron fugas y Arana no recibió una condena penal por los crímenes atribuidos a sus agentes.
El siguiente movimiento de Arana fue el más audaz. El 26 de septiembre de 1907 se constituyó en Londres la Peruvian Amazon Rubber Company Ltd. para adquirir los activos de J. C. Arana y Hermanos en Iquitos y Manaos; Arana conservó un puesto directivo y el control local siguió siendo débilmente supervisado desde Inglaterra. La operación no puso el negocio bajo el amparo jurídico de la Corona británica. Sí lo convirtió en una sociedad británica con directores y accionistas en Londres y con súbditos británicos de Barbados entre sus empleados. Esos vínculos dieron al Foreign Office y al Parlamento razones y competencias específicas para investigar.
En 1907 y 1908, Benjamín Saldaña Rocca publicó en Iquitos denuncias contra empleados de la Casa Arana. Walter Hardenburg, ingeniero estadounidense retenido durante su viaje por la región, llevó documentos y relatos a Londres; la revista Truth inició el 22 de septiembre de 1909 una serie sobre “el paraíso del diablo”. Hardenburg amplió la acusación en su libro de 1912, que reproducía denuncias, correspondencia y parte del informe de Casement. La revelación internacional fue, por tanto, una cadena de testimonios y publicaciones —no un único artículo aislado del 6 de octubre— y varias de sus escenas procedían originalmente de Saldaña Rocca y otros declarantes.
En julio de 1910, el Foreign Office encargó a Roger Casement, cónsul general británico en Río de Janeiro y antiguo investigador del Congo, examinar la situación de los súbditos británicos en el Putumayo. Casement recorrió estaciones de la compañía, interrogó a treinta barbadenses y contrastó sus declaraciones con observaciones propias y con la comisión enviada por la empresa. John Brown, conocedor del idioma huitoto y antiguo trabajador de la región, sirvió como intérprete y testigo. El informe publicado en 1912 como Correspondence Respecting the Treatment of British Colonial Subjects and Native Indians Employed in the Collection of Rubber in the Putumayo District documentó ante el Parlamento británico tanto el trato de los barbadenses como los abusos contra los pueblos indígenas. Casement también resumió la “enfermedad de montaña” mencionada por el juez Rómulo Paredes como una explicación moral del comportamiento de los caucheros; estudios posteriores han comparado ese lenguaje con El corazón de las tinieblas, pero la comparación literaria no convierte a Armando Normand en un equivalente histórico exacto de Kurtz.
El escándalo contribuyó a precipitar la liquidación voluntaria de la Peruvian Amazon Company en septiembre de 1911, junto con sus malos resultados financieros. En marzo de 1913 un tribunal ordenó la liquidación forzosa y apartó a Arana como la persona menos idónea para dirigirla. El proceso contable concluyó en 1919 y la sociedad fue disuelta formalmente en 1927. La empresa londinense perdió su forma original, pero las operaciones vinculadas a la Casa Arana continuaron en el Putumayo durante buena parte de ese intervalo.
La red
Para entender por qué Arana sobrevivió políticamente al escándalo hay que mirar la red que había tejido a ambos lados de la frontera. Fue senador por Loreto y se opuso al Tratado Salomón-Lozano, firmado el 24 de marzo de 1922 por Fabio Lozano Torrijos y Alberto Salomón. Colombia lo aprobó mediante la Ley 55 de 1925; el Congreso peruano lo aprobó en diciembre de 1927 y el canje de ratificaciones del 19 de marzo de 1928 lo puso en vigor. El tratado reconoció a Colombia el trapecio amazónico con Leticia. En Perú sus opositores afirmaron que la presión estadounidense y una compensación simbólica por Panamá explicaban la cesión; esa fue una acusación política contemporánea, no una finalidad consignada en el tratado ni un hecho probado por sí solo.
Arana no aceptó esa delimitación. En agosto de 1921, antes de la firma del tratado, el gobierno peruano reconoció a su favor derechos sobre un lote denominado Putumayo de aproximadamente 5.774.000 hectáreas a ambas márgenes del río. Colombia cuestionó el título porque incluía tierras al norte del Putumayo que reclamaba como propias; la adjudicación también desconocía los derechos territoriales de los pueblos indígenas que las habitaban. El título fortaleció la posición patrimonial de Arana frente al cambio de frontera, pero no lo convirtió sin controversia en propietario soberano del territorio ni demuestra por sí solo que fuera concebido para provocar una futura revisión.
La red diplomática de Arana operaba también en Brasil. Informes y correspondencia colombianos sostuvieron que la Casa Arana y el cónsul general del Perú en Manaos actuaban conjuntamente ante la cancillería brasileña para dificultar el reconocimiento de nuevos cónsules colombianos en la región. Esos documentos permiten describir una convergencia entre intereses empresariales y diplomáticos; no prueban que Arana controlara por sí solo la política exterior peruana o brasileña.
Del lado colombiano, la presencia estatal era débil y con frecuencia contradictoria, no simplemente inexistente. Colombia mantuvo reclamaciones, consulados e intentos militares, pero carecía de una administración estable en las estaciones dominadas por los caucheros. Documentos de la época vincularon al cónsul Juan Bautista Vega con una casa comercial asociada a Arana y denunciaron la expulsión de colombianos de La Chorrera. Cuando fuerzas peruanas ocuparon La Pedrera en 1911, el contingente colombiano llegó con graves carencias logísticas y sanitarias. El acuerdo del 23 de octubre dispuso la retirada peruana; el episodio mostró los límites de la capacidad colombiana sin convertir una metáfora despectiva sobre el aspecto de los soldados en descripción histórica neutral.
La red también incluye a quienes intentaron romper el silencio desde Colombia. José Eustasio Rivera comenzó La vorágine antes de integrar la Comisión de Límites colombo-venezolana de 1922-1923 y escribió parte de la novela durante el viaje. Esa experiencia, sus lecturas sobre la Casa Arana y los testimonios recogidos en la región alimentaron una obra que combinó denuncia, ficción, crónica y reflexión sobre la frontera. Al regresar, Rivera cuestionó públicamente el abandono de la comisión y denunció abusos caucheros, pero no puede afirmarse que la novela naciera únicamente de una frustración ante el Congreso. Su recepción hizo del infierno cauchero un tema duradero de la memoria nacional. Rivera proyectó además una novela sobre los abusos de la explotación petrolera, conocida como La mancha negra, que no alcanzó a completar.
Y está la red indígena, la más importante y la menos considerada por ambos Estados. Los pueblos huitoto o murui, bora, andoque y ocaina no fueron simple materia prima del proceso: huyeron, ocultaron familias, reconstruyeron malocas y establecieron nuevas alianzas. Testimonios de mujeres murui recogidos por instituciones de memoria narran cómo sus mayores subieron por el Caquetá escapando de la cauchería y cómo hicieron las paces con comunidades koreguaje antes enfrentadas. Esos relatos documentan reconfiguraciones profundas producidas por la violencia, aunque no permiten generalizar una enemistad idéntica entre pueblos enteros ni medir ese cambio como el más importante de toda la historia amazónica reciente.
La huella
La Peruvian Amazon Company perdió su forma societaria; el sistema de explotación no desapareció de inmediato. En la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1932, un grupo de civiles peruanos armados ocupó Leticia y expulsó a las autoridades colombianas. La documentación diplomática de la época registra versiones enfrentadas sobre la participación inicial de militares, pero la síntesis de Naciones Unidas distingue esa primera toma de la entrada posterior del Ejército peruano, ya presente en Leticia el 6 de enero de 1933. Los combates entre ambos Estados comenzaron en febrero. Una comisión de la Sociedad de Naciones administró el territorio entre junio de 1933 y junio de 1934 y lo entregó formalmente de nuevo a Colombia; el Protocolo de Río de Janeiro confirmó el marco fronterizo del tratado de 1922.
Arana, para entonces, había sobrevivido al fracaso de la compañía londinense y conservaba influencia política y patrimonial. No es exacto decir que nunca fue sometido a ningún procedimiento: declaró ante el comité especial de la Cámara de los Comunes, fue señalado por la investigación peruana y un tribunal británico lo apartó de la liquidación de la compañía por considerarlo responsable e inadecuado. Lo decisivo es otro límite: ninguna de esas actuaciones produjo una condena penal contra él por los crímenes del Putumayo. Murió en Lima en 1952. Las bonanzas posteriores de caucho, pieles, madera, petróleo y coca reprodujeron formas de despojo y coerción, pero no todas pueden atribuirse a un patrón diseñado personalmente por Arana.
La huella territorial es visible en el mapa, pero su causalidad no es lineal. El escándalo del Putumayo aumentó la atención pública sobre una frontera que Colombia administraba débilmente y mostró el poder alcanzado por una empresa peruana con capital británico. Roger Casement y los trabajadores barbadenses fueron decisivos para la circulación internacional de la evidencia. Sin embargo, el trapecio amazónico colombiano no puede explicarse solo como reacción al escándalo: resultó de reclamaciones previas, negociaciones con Perú y Brasil, el Tratado Salomón-Lozano, su ratificación tardía y la solución internacional del conflicto de Leticia. No hay base para afirmar qué habría hecho Bogotá en ausencia de Casement.
La huella demográfica y cultural sobre los pueblos indígenas es incalculable y aún dolorosamente presente. Los murui, boras, andoques, ocainas, muinanes, nonuyas y otros pueblos sobrevivieron fragmentados, desplazados y con territorios recompuestos. La salida de la Casa Arana de la margen colombiana ocurrió durante la década de 1920 y culminó hacia 1927, no al final de la guerra de 1932-1933; estuvo acompañada por traslados forzados de población hacia el sur del Putumayo. Las misiones católicas ya actuaban en la región antes de esa salida y continuaron después con prácticas de evangelización y asimilación respaldadas por el Estado. Para los pueblos afectados, la cauchería no es un capítulo aislado: sus memorias la conectan con despojos, misiones y violencias posteriores sin reducir todos esos procesos a una sola secuencia automática.
La huella jurídica y política es más ambigua. El informe de Casement, el debate parlamentario y el comité especial británico hicieron visible la responsabilidad de una compañía registrada en Londres por abusos cometidos por sus agentes en otro continente. El comité consideró culpablemente negligentes a los directores británicos y responsabilizó a Arana por los crímenes de sus empleados; el tribunal de liquidación también lo censuró. Pero esas actuaciones no crearon por sí solas un tribunal internacional ni un precedente penal equivalente a los del siglo XX. Hubo cientos de órdenes de captura en Perú y pocos arrestos efectivos; la liquidación societaria avanzó, mientras la rendición de cuentas penal fracasó.
Y está la huella literaria, una de las formas más influyentes que ha tomado la memoria del caso en Colombia. La vorágine de José Eustasio Rivera convirtió la explotación cauchera y el abandono fronterizo en experiencia narrativa para generaciones de lectores. No es posible demostrar que sea la puerta de entrada de “la mayoría de los colombianos” ni que la memoria dependa en última instancia de una sola novela: también circula por el Libro Azul, las denuncias de Saldaña Rocca y Hardenburg, los archivos estatales y las memorias indígenas. La fuerza de la novela muestra, más prudentemente, cuánto ha mediado la literatura en la relación del país con su Amazonía.
Julio César Arana entendió que la frontera amazónica ofrecía grandes beneficios a quien controlara capital, armas, crédito y transporte. Construyó allí un poder corporativo que ejerció funciones de hecho sobre trabajadores, estaciones y rutas sin convertirse jurídicamente en gobierno. Colombia respondió tarde y con capacidades limitadas, mientras autoridades peruanas, brasileñas y británicas también tuvieron grados distintos de conocimiento, intervención o negligencia. Cuando Colombia aseguró su frontera amazónica lo hizo mediante una secuencia más larga que el escándalo: diplomacia, tratado, ocupación, guerra y mediación internacional. Arana pertenece a esa historia territorial no porque él solo obligara al país a “existir” en la Amazonía, sino porque su empresa mostró hasta dónde podían llegar la violencia privada y la complicidad pública en una región disputada. La lección incómoda no es la ausencia simple de Estado, sino la combinación de presencia débil, agentes comprometidos y protección desigual.
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Documentos y fragmentos citados
19 documentos · 46 fragmentos01Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · Páginas 100, 114, 119, 123, 129, 135, 145, 1578 citas
[1]de beri-beri que casi le cuesta la vida). Intercambiando bienes por caucho, jugándose el todo por el todo en el mercado europeo, construyendo así su fortuna 34. Fue en el año de 1889 cuando Arana decidió meterse de lleno y seriamente en el negocio del caucho. Cerca de Yurimaguas com- pró un pequeño “camino” (o…
p. 114
[3]embargo, nunca fue posible saber “si el pago fue hecho de contado o en qué forma”. La Chorrera, agencia establecida por “Larrañaga, a quien menciona el LIBRO AZUL como uno de los primeros colombianos que invadieron la región en 1880”, sirvió de base para los futuros negocios de Ara- na en el Putumayo. “Larrañaga murió…
p. 119
[4]y su anchura de unos quince metros máximo. La precipitación de las aguas no se ve, sino un cordón de blanca espuma hasta que vertiginosamente se estrangula en grandes piedras y se levanta una neblina que impide ver el agua, al plano donde forma grandes remolinos y el agua bur- bujeante lentamente se sosiega en medio…
p. 100
[5]del caucho y el fruto de su próspera actividad lo vendía en las plazas comerciales de Tolima. Habiendo pretendido la Casa Arana que Gutiérrez trabajara con ellos y les recibiera mercancías de las que la empresa importaba del Putu- mayo, Gutiérrez se negó a entrar en transacciones con dicha Casa y resolvió viajar al…
p. 123
[7]y José Fonseca. De igual manera, la em- presa entrenó a 400 indígenas adolescentes (“boys”), adiestrados para ejercer el cargo de “vigilantes”, los cuales fueron reforzados con el reclutamiento de “200 colonos de Barbados” en 1904. El contrato de los negros de Barbados era por dos años. En Manaos, algunos de éstos…
p. 135
[12]se hallaban aprovi- sionados “del armamento necesario para reducir a los indígenas a una obediencia basada en el terror”, que “puso en sus manos a tribus enteras a las que tenía gran interés en aterrorizar”. 145 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo Fuentes…
p. 145
[15]sé. El que lo sabe es Roberto Plaza. También conocí a Nicolás Montealegre porque volví donde Ciceri. Cuando yo me les hui a los peruanos, encontré a Nicolás y a Fructuoso en la casa de Macuje. Ellos fueron por una quebrada a buscar las casas de unos indios de Urbano Gutiérrez y me convidaron para que los acompañara…
p. 157
[20]las demás sociedades de comercio que explotaran las regiones caucheras 51. Las circunstancias de no poseer títulos sobre aquella extensión territorial colocaba a la empresa en una situación vulnerable y, en consecuencia, dadas las influencias de Julio César Arana en su país, por intermedio del Ministerio de Fomento…
p. 129
02El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · Páginas 411, 416, 4223 citas
[2]un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…
p. 416
[6]y elaboró una capa plegable para telas, lo que llevó a la invención del «mackintosh», la primera gabardina del mundo. Todos estos productos tenían, sin embargo, un defecto fundamental. Con el frío el caucho se volvía tan quebra- dizo como la porcelana. En el calor del verano, una capa de caucho se convertía en un…
p. 411
[11]sádico le cortó las orejas a un hombre, lo ató a un árbol y lo obligó a ver cómo que- maba viva a su esposa. José Fonseca, el agente principal en Último Retiro, celebró la Pascua de 1906 matando a tiros a ciento cincuenta indios desde su cabaña. A los heridos los amontonaron en una pila grotesca, les regaron gaso-…
p. 422
03Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · Página 61 cita
[8]con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…
p. 6
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 431 cita
[9]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
05Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · Página 491 cita
[10]se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…
p. 49
06Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · Páginas 91, 176, 240, 419, 445, 500, 5147 citas
[13]Chorrera” las osamentas de lo millares de in- dias que se han asesinado, se hace indispensable que el juzgado se constituya en esas secciones a fin de que realice una visita ocular a la brevedad posible, antes de que hagan desaparecer las osamen- tas de las víctimas. Otro sí, digo: Que ninguna de las diligencias de…
p. 176
[14]una prueba de que llevarán a cabo su intento, pues llevan orden de ir a posesionarse en la boca del río Caraparaná o en El Encanto, es decir frente a donde se hallan las fuerzas colombianas que están a órdenes de Becerra. Las otras fuerzas que se hallan en las bocas de los ríos Cotuhé e Igaraparaná y en Chorrera, las…
p. 91
[17]enero de 514 Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio 1910 – Señor Gerente de las Rentas Departamentales – Popayán. – Tengo el honor de rendir a usted el informe que me solicitó en su atento oficio de 18 de diciembre último: 1º. Hace tres años que los señores Arana y Compañía quienes desde el año…
p. 514
[18]una enorme responsabilidad para lo futuro, tanto sobre el Gobierno del Perú como sobre la Junta Directiva de la Compañía Peruana del Amazonas. El buen nombre del Perú sólo corre ries- go de empañarse en el caso de que su Gobierno trate de resolver estos escándalos por medio de inconsultas negativas y de ataques…
p. 445
[19]Entiendo que es el antiguo Tratado del año de 1.852 puesto nuevamente en vigencia. Conviene que la Cancillería colombiana no se duerma y vele por los intereses del país que se comprometen en tales pactos internacionales, siquiera sea para dejar constancia de su protesta. Sé que la casa de Arana y el Cónsul general del…
p. 500
[29]cablegrama de junio 27 en que se me decía: “Espere correo” y he quedado esperándolo hasta ahora. Mi situación aquí es insostenible e insisto en retirarme, porque me he arruinado en este Consulado nominal y deseo reponer mi tiempo perdido; lo cual no embarga para estar siempre a las órdenes del Gobierno, para ponerme…
p. 419
[30]varios colonos colombianos, ante este Gobierno, para poner en su poder algunos documentos y suministrarle datos que pueden interesar; de Usted, respetuosamente solicito, sea tomado en con- sideración el presente informe sobre los recientes acontecimientos sucedidos en el Caquetá (territorio) colombiano, y de cuya…
p. 240
07Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 2851 cita
[16]práctica. Taussig 24 De Quito, Relación de viaje, 46. 25 De Quito, Relación de viaje, 55. NOSOTROS Y LOS OTROS 286 recoge en su texto un fragmento del Memorándum de viaje (Regiones amazó- nicas), elaborado por Joaquín Rocha en 1905, en el que se narra la historia del cauchero Crisóstomo Hernández, quien al oír que un…
p. 285
08Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · Páginas 14, 76, 79, 82, 86, 89, 92, 968 citas
[21]the possibility of him writing a book. While sailing to Iquitos in August 1910 he concluded a detailed journal record of his conversation with Victor Israel, a British trader and fellow traveller, with the comment: ‘supposing I were to some day publish a book on my travels in the Amazon – he will doubtless deny every…
p. 82
[22]completely accurate; according, for instance, to the lexicon appended to Thomas Whiffen’s The North-West Amazons: Some Months Spent Among Cannibal Tribes (London: Constable and Company, 1915), p. 303, ‘sirete’ should read ‘isirete’. 6 For a discussion of truth and fiction in literature, see, for example: Barbara…
p. 76
[23]has been advanced in this chapter for Casement’s obsessive journal keeping in the Putumayo.35 In a curious extra-literary echo of Heart of Darkness, when Canon Lindsay of Malahide wrote to the Home Secretary in support of Casement after his arrest in 1916 he noted that, since his return from the Putumayo, Casement…
p. 86
[24]to Último Retiro by way of Puerto Peruano, arriving on 7 October. He travelled downstream to Puerto Peruano on 11 October and the next day trekked through the forest to Entre Ríos, ‘[u]p hill and down hill and across streams innumerable flowing from right to left into the Igaraparaná or Coddicé as the Huitotos call…
p. 79
[25]by the PAC after uncovering some unpalatable truths about their mistreatment of the indigenous people.59 Later he acted as guide to the English traveller Thomas Whiffen, who went to the Putumayo in search of Robuchon and who wrote an early ethnography of the region, The North-West Amazons: Some Months Spent Among…
p. 14
[26]compelled to reside in surroundings for which he [had] no true affection’:44 they were not children of the forest, but children of elsewhere lost in the forest – babes in the wood, grown up, it is true, and finding the forest their only heritage and shelter, but remembering always that it was not their home. […] They…
p. 89
[27]murder, rape, or torture often lend the testimonies an even greater capacity to horrify, as does the simplicity of the narrative style. Many of the Barbadian workers had come to the Putumayo as children and were 54 Rothberg, Traumatic Realism, p. 129. 55 Roberto Pineda Camacho, Holocausto en el Amazonas: Una historia…
p. 92
[28]report compiled by Paredes he attributed the settlers’ atavism to an actual disease – ‘enfermedad de montaña’ (translated by Casement as ‘forest sickness’). As Casement’s précis of the report for the Foreign Office makes clear, this illness was not just a variant of altitude sickness but ‘a moral, a spiritual malady’:…
p. 96
09Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 45, 72, 853 citas
[31]finalmente, el 23 de octubre de 1911 se llegó a un acuerdo diplomático para que los peruanos se retiraran del territorio colombiano. En evidencia quedó entonces la inoperancia de la dirigencia civil colom- biana y las protuberantes fallas de la segunda misión –precisamente en lo que se suponía era experta: la defensa…
p. 45
[33]límites entre Perú y Colombia que se había firmado el 24 de marzo de 1922 entre Fabio Lozano, el ministro plenipotenciario colombiano en Perú, y Alberto Salomón, canciller peruano. Luego de inconvenientes diplomáticos entre Brasil y Colombia y entre esta y Perú –relativos, por un lado, a la oposición brasileña al…
p. 72
[37]reconsiderar el tratado de 1922, en busca de un acuerdo que comprendiera medidas económicas, comerciales y culturales. Haber aceptado la fórmula en mención demostró, primero, que la canci- llería colombiana no contaba con una política exterior, y, segundo, que los negociadores nacionales carecían de los conocimientos…
p. 85
10Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 165, 172, 1783 citas
[32]Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…
p. 172
[45]Cómo aprendió a escribir García Márquez, Editorial Lealon, Medellín, 1995. 13 En diciembre de 1930 se realizó el iv Congreso Internacional Femenino en el Teatro Colón de Bogotá. Fue la época en que más revistas se escribieron para mujeres: La familia cristiana, Antioquia por María, Letras y encajes, Hogar, Hojita de…
p. 165
[46]realidad americanas que no habían ingresado a la literatura”. (La fábula y el desastre, op. cit., p. 504). La bibliografía en torno a la novela de Rivera se prolonga, para lo cual recomendamos la selección de Montserrat Ordóñez: La vorágine: textos críticos, Alianza Editorial, Bogotá, 1989. 38 Rivera, La vorágine, op.…
p. 178
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3161 cita
[34]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
12Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 1121 cita
[35]se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…
p. 112
13Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 371 cita
[36]On the other hand, the Ecuadorans were furious at what they regarded as a violation of the 1916 treaty agreement. Abruptly "confronted by a 300 mile boundary with their enemy, Peru, instead of the same line with Colombia, a country they had formerly regarded as a friend," they broke off diplomatic relations with Bogot…
p. 37
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 41, 452 citas
[38]Municipio de Leguízamo y Alto Resguardo Predio Putumayo -Acilapp; Asociación de Cabildos Indígenas de Orito Putumayo - Aciop; Asociación Indígena Pueblo Awá - AIPA; Asociación de Cabildo Indígenas de Puerto Caicedo - Asocipca y la Asociación de Cabildos Indígenas del Municipio de Villagarzón, Putumayo. Acimvip 42…
p. 41
[42]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…
p. 45
15Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · Página 281 cita
[39]región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…
p. 28
16Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · Página 1261 cita
[40]Hechos violentos como las masacres, la legalización de títulos de territorios étnicos, la imposición de formas de control de ejérci- tos de colonos armados, las violencias sexuales y la tortura, se han presentado históricamente como actos de invasión de territorios, acompañados de formas de colonización de grupos…
p. 126
17Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 1711 cita
[41]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
18Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Página 771 cita
[43]a la recu- peración del territorio afectado a través del fortalecimiento de las autoridades espirituales y de los dispositivos propios de transmisión de memoria que puedan conducir ya no solo a la reparación de los daños, sino, sobre todo, a la sanación espiritual del territorio. La larga duración de las memorias La…
p. 77
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 2011 cita
[44]e incendiaria, la obra de Vargas Vila alcanzó gran popularidad, pero apenas sobrevive hoy como referencia de una singularidad sobredimensionada. La novela del siglo XX El siglo XX significa para Colombia la consolida- ción de su novelística a nivel internacional y el desprendimiento del género de sus lastres román-…
p. 201